Tocar un instrumento musical es una experiencia intensa, multisensorial y motriz, que generalmente comienza a una edad temprana y requiere la adquisición y el mantenimiento de una gama de habilidades sensoriales y motoras a lo largo de la vida de un músico.

Investigaciones actuales han demostrado que la asociación de acciones motrices con patrones sonoros y visuales específicos (notación musical) continua son capaces de fortalecer las conexiones entre las regiones auditiva y motoras del cerebro, así como las regiones de integración sensorial.  Tocar un instrumento de manera habitual produce un aumento del “rendimiento cognitivo”, es decir, potencia la memoria, la inteligencia espacial y el lenguaje; ayuda a superar miedos y temas de inseguridad; amplía las relaciones sociales y favorece la disciplina (normalmente las personas que tocan un instrumento a diario suelen ser comprometidas y pacientes).

Ciertamente,la agilidad y la rapidez con la que los músicos  mueven sus manos requieren un buen entrenamiento mental, una alta concentración y oído musical. Por esta razón, cada vez más se recomienda la práctica musical tanto para niños como para adultos. En este punto, es importante destacar que existen estudios donde establecen que la mejor edad para comenzar a tocar un instrumento son los cinco años. De hecho, ya en el año 1997, Jäncke estudió a niños de seis años que asistieron a clases para aprender a tocar un instrumento durante 15 meses, demostrando que estos experimentaron cambios en su anatomía cerebral; las áreas usadas para procesar la música resultaron ser mayores y más activas. 

Ahora bien, si nunca haz tomado un instrumento en tus manos y sientes interés por desarrollar la habilidad de generar música, lo cierto es que ¡Nunca es tarde! En los últimos años, el estudio del cerebro humano ha avanzado a pasos enormes, y los enfoques tradicionales sobre su capacidad de aprendizaje han cambiado también. Existe un concepto llamado neuroplasticidad neuronal, el cual nos dice básicamente que las estructuras neuronales no son fijas, es decir, cualquier parte del cerebro podría aprender cualquier función. Al llegar a la edad adulta, existen neuronas que no están siendo usadas o estimuladas, por lo que con una correcta estimulación, un adulto puede desarrollar nuevas estructuras neuronales casi sin limitación.

Es por eso, que si una persona adulta se decide a aprender a tocar un instrumento musical, debe saber que el límite es uno mismo. Las capacidades a desarrollar están ahí y se pueden entrenar; bajo una actitud de disciplina, buena organización y mayormente, la motivación.

Además de todo lo anterior, la música ofrece una gran cantidad de beneficios en un plano paralelo a nuestra salud, mejorando la autoestima y las habilidades sociales, así como el estado de animo de aquellos que la tocan y que la escuchan. Otros estudios se enfocan en estos aportes y señalan que el tocar un instrumento, ayuda a los jóvenes a vencer el miedo, aportándoles seguridad en la toma de decisiones y ayudándoles a asumir más y mayores riesgos.

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