Los sentimientos de aceptación y amor hacia nosotros mismos, de aptitud y valía personal, varían a lo largo de la vida… de los días y las semanas, empujados hacia arriba o hacia abajo por las diversas situaciones que afrontamos con un mayor o menor éxito; debido a los cambios de nuestro aspecto físico, a la variabilidad de nuestra mente y los altibajos de nuestras emociones.

El nivel de autoestima también se modifica a medida que somos mayores, aunque no lo hace de manera predecible y lineal, estudios dicen que este aumenta a medida que envejecemos, pero al llegar a los 70 años la persona atraviesa un punto crucial, en el cual su autovaloración también tiende a decrecer.

Aquellas personas que tienen amor propio, respetan sus pensamientos, sentimientos, creencias y experimentan un profundo sentido de orgullo por los mismos. Las personas que se aman reconocen y aceptan el hecho de que tienen algunas fallas y, en su mayor parte, se excusan por las mismas. El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta en forma decisiva todos los aspectos de nuestra experiencia, desde la manera en que funcionamos en el trabajo, en relaciones amorosas o relaciones sexuales, incluso hasta el proceder en otros roles, como padre, madre, hermano, amigo… y las posibilidades que tenemos de progresar en la vida. Nuestras respuestas ante los acontecimientos dependen de quiénes pensamos que somos. Los dramas de nuestra vida son los reflejos de la visión íntima que tenemos de nosotros mismos. Por lo tanto, la autoestima puede ser la clave del éxito o del fracaso en determinadas situaciones.

En realidad, la autoestima y el amor propio tienen una construcción de varios aspectos. Según el estudio de Becker y colaboradores (publicado por la revista ‘Personality and Social Psychology Bulletin), el amor propio se basa en cuatro grandes puntos: el cumplimiento de su deber, la ayuda a los otros, la mejora de su estatus social y el control de su propia vida. Los resultados de este estudio reflejan las respuestas de más de 5,000 adolescentes y adultos jóvenes en 19 países, en este se refleja que los jóvenes y adultos encuestados basan su autoestima no en sus propios valores personales, sino en el cumplimiento de las prioridades de valor de otros individuos en sus entornos culturales. Visto bajo este punto de vista, la autoestima parece ser un concepto principalmente colaborativo, en lugar de individual. Estos hallazgos sugieren que el sistema para desarrollar la autoestima es un canal importante a través del cual los individuos internalizan los valores de su cultura en un nivel implícito. Estos procesos sutiles pueden alentar a las personas a actuar de acuerdo con las expectativas de la sociedad en la que viven, lo que ayuda a mantener la solidaridad social.

Lo anterior no debe ser visto como algo negativo tampoco, no es para nada erróneo escuchar la opinión de los demás, pero pueden surgir inconvenientes cuando estos criterios se convierten en determinantes para la percepción propia. Como bien dijo Alejandro Esteves (un reconocido coaching ontológico): “Pierdes el control de tu vida cuando dependes del juicio externo. Es lamentable que a veces por agradar a otros se suelta los sueños”.

La falta o baja de autoestima o amor propio no es una enfermedad incurable, PARA NADA. Tomar la decisión de quererse, valorizarse, definir sus metas, mantenerse en movimiento y tener la pericia para descubrir las oportunidades, son algunos de los consejos que brindan algunos profesionales. Porque finalmente… vivir un estilo de vida saludable NO SOLO INCLUYE UNA NUTRICIÓN ADECUADA Y ACTIVIDAD FÍSICA, sino también tener relaciones positivas y amarse a uno mismo, buscamos calidad de vida y no calidad del estado físico únicamente.

A la hora de definir estrategias para mejorar sus conexiones con la familia, amigos, personas importantes y sobre todo CON UNO MISMO, es importante el reconocer la complejidad y el crecimiento continuo de sus relaciones. No existe una respuesta segura ante la elección de alguna de ellas para tener mejores efectos… pero todo parte con QUERER, querer generar cambios, querer hacer algo…

Alguien dijo “querer es poder”, la verdad no tengo idea quien fue (googleé rápidamente y tampoco encontré una respuesta certera; algunos declaran que proviene de la filosofía del budismo, otros atribuyen la frase a Albert Einstein […]). Pero ¿realmente importa? Es tan cierto, que simplemente hay que creerlo.

La invitación hoy es: ¡movernos por nuestra salud mental y espiritual!

 

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