La sexualidad forma parte de nosotros prácticamente desde nuestra concepción, evolucionando a lo largo de la vida, y es innegable que el entorno social condiciona también su desarrollo. La sociedad está experimentando un cambio sociodemográfico progresivo; hay un incremento significativo de las personas mayores, un descenso de las tasas de morbimortalidad, un aumento de la esperanza de vida y un crecimiento de los movimientos migratorios a nivel global.

El envejecimiento es un proceso único, progresivo, multifactorial y universal que ocurre en una etapa mayor del ciclo de la vida, y en el acontecen diferentes cambios fisiológicos, modificaciones psicológicas y alteraciones sociales, que nos afectan de forma innevitable como seres integrales. Ahora bien, los cambios no significan deterioro propiamente tal, por lo que,  aunque es cierto que algunas capacidades pueden perderse con el transcurso de los años, otras muchas se mantendrán; otras simplemente se modificarán; y en el mejor de los casos (esperemos), otras también pueden mejorar. Un ejemplo de esto, es nuestro ciclo sexual.

La salud sexual constituye un pilar importante en la salud general de las personas, en cualquier edad y en cualquier etapa del desarrollo humano. Como seres sexuados que somos, la sexualidad es considerada como una herramienta vital para la salud física y mental, necesaria también para la comunicación, placer y afectividad. Fue incluso Maslow, quien sugirió que el sexo pertenece a una necesidad fisiológica innata y propia de la condición humana. Una necesidad básica, junto a la necesidad de respiración, alimentación, eliminación e incluso el descanso.

La actividad de las relaciones sexuales en etapas más avanzadas de la vida, no presenta un ideal fantástico, imaginario e irrealizable, paralela o alternativa al mundo actual; ya que se ha demostrado que un gran número de ancianos lo realizan, pese a estar influida por  factores que pueden incluso hacerla desaparecer y cuyo conocimiento es muy necesario. Por ejemplo, en España, los resultados de la investigación basada en la Encuesta Nacional de la Salud y Sexualidad (ENSS), revelaron que el 62,3% de los hombres y el 37,4% de las mujeres mayores de 65 años eran sexualmente activos.

A pesar de que la frecuencia de la actividad sexual disminuya con la edad, sigue estando presente en ambos géneros en edades avanzadas. La búsqueda y la obtención del placer se alcanzará por prácticas sexuales no únicamente relacionadas con el coito vaginal, si no que también por medio gestos como los besos y abrazos, además de la masturbación y del sexo oral. Por lo tanto, la sexualidad no desaparece, sino que se manifiesta de manera diferente, ya que se puede ver condicionada por las alteraciones externas al proceso de envejecimiento.

Ahora ¿Qué cambios fisiológicos son los esperados en este sentido?

En las mujeres: estos van a aparecer junto con la llegada de la menopausia, último periodo menstrual natural de la mujer, que mayoritariamente, se presenta alrededor de los 50 años de edad.

  • Disminución del tamaño de los ovarios, al igual que la cantidad de folículos ováricos.
  • Disminución de progesterona y de las hormonas producidas por la hipófisis, como son la prolactina, la
    hormona luteinizante (LH), o la hormona foliculoestimulante (FSH) y todo ello ocasiona una atrofia en los órganos genitales femeninos.
  • Las trompas de Falopio (estructura interna del órgano genital femenino) se vuelven filiformes y el tamaño del útero disminuye rápidamente, regresando a su tamaño y forma prepuberal.
  • La vagina se acorta, se vuelve más estrecha y pierde su elasticidad y capacidad de distensión y lubricación.
  • La vulva (estructura externa del órgano genital femenino) también se atrofia. Los labios menores y mayores disminuyen de tamaño, al igual que el clítoris. Debido a ello, el meato urinario se halla más expuesto, por lo que la mujer anciana es más susceptible de padecer cistitis, irritaciones e incluso incontinencia urinaria.

En los hombres: biológicamente no existe, un proceso que establezca el envejecimiento sexual, ya que tiene la capacidad de procrear hasta el fin de su ciclo vital (esto por la facultad fisiológica de producir espermatozoides). Sin embargo, existe el climaterio masculino también llamado “andropausia”, que es la etapa relacionada con la disminución de la producción de la hormona testosterona.

  • El escroto se destensa y se alisa, y ocurre, además, una atrofia en los conductos asociados a los testículos, influyendo en la producción y expulsión del líquido seminal, substancia que, con la edad, disminuye en cantidad y calidad.
  • La próstata presenta alteraciones degenerativas de forma paulatina; se atrofia, disminuye en tamaño, y debido al anquilosamiento de las células glandulares, se vuelve más sólida, dura y rígida

Funcionalmente, en ambos géneros la fase de excitación es más lenta y se requiere de de mayor estímulo. En la fase de resolución (que es el restablecimiento paulatino de la normalidad física y psíquica, tras haber alcanzado el orgasmo); la mujer tiene un menor tiempo refractario, donde rápidamente la mujer  tiene la capacidad de repetir el ciclo sexual; y en el hombre este periodo es más prolongado, donde incluso puede llegar a necesitar una semana de reposición para lograr una próxima erección.

Un estudio llevado realizado por la Revista de Gerontología, investigó el comportamiento que los adultos mayores que tenían hacia la sexualidad, así como las prácticas y los problemas sexuales que comunmente viven. Este estudio reflejó que las principales razones por las que las personas mayores no mantenían relaciones sexuales son: los problemas o limitaciones de salud de la pareja, carencia de interés, carencia de interés en la pareja y carencia de oportunidades.

¿Cómo abordar de alguna forma todos estos cambios asociados a la edad?

Primero que nada, entendiendo que nuestro cuerpo, alma y mente evoluciona; segundo, aceptando esta evolución con una mirada positiva.

Ciertamente, también hay beneficio en Otras prácticas, como es la del ejercicio físico (ya hemos dicho hasta el canacio que este es una especie de polipastilla – ¡y es para que te lo creaa!-). Este resulta totalmente favorable en cualquier etapa de la vida, debido a los efectos que produce a nivel fisiológico y psicológico, además de la repercusión en la autopercepción, que también beneficia a la estima propia. Además, disfrutar de un buen estado físico (funcionalmente hablando), puede ayudar a combatir la fatiga, y ciertos ejercicios pueden contribuir a una mejora de la flexibilidad y del tono muscular, por lo que en consecuencia, también el ámbito de la práctica sexual.

Algo tremendamente importante es reforzar la autoimagen, esto mejora nuestro estado psicosocial. La alteración que hayamos podido evidenciar en nuestra  imagen corporal, podría repercutir directamente sobre la sexualidad; esto, por la aparición de sentimientos de inseguridad e incomodidad de un cuerpo al descubierto. Por lo tanto, aquí el consejo es: ¡libérate de los estereotipos!

Ciertamente, el normalizar las prácticas “eróticas”, también aporta. Generalmente, las personas adoptan conductas desfavorables por causa de mitos sociales erróneos establecidos. Por lo que, una adecuada educación sexual en los niños y a lo largo de toda la vida, puede ser positivo para afrontar de mejor forma las necesidades sexuales que se presenten.

La actividad sexual es una fuerza positiva y estimulante en la vida de la pareja y también en lo individual. Disfrutar del contacto físico y la intimidad, es saludable; y no tiene porque ser mal visto o un tema intocable… EN NINGUNA DE LAS EDADES DE LA VIDA.

Estás invitadoa comentar tu opinión respecto al tema ¡Que tangas un excelente y movido fin de semana!

 

Participa