“El corazón tiene razones de las que la razón no sabe nada”

Pascal

No puedes ser racional si eres demasiado emocional. Pero tampoco puedes ser racional si no eres emocional.

Cuando eres demasiado emocional, no quieres hacer lo que sabes que es mejor. Piensa en los momentos en que has sucumbido ante una “tentación” y, en contra de tu buen juicio, te comes esa galleta, tomas esa bebida y te fumas ese cigarrillo.

Cuando eres demasiado emocional, no quieres usar las técnicas o estrategias que sabes que mejorarán las cosas. Las buenas intenciones salen por la ventana, y también lo hacen los buenos conceptos o principios. Eso es lo que hace que las decisiones sean tan simples y complejas a la vez. Esto es lo que hace que tantas personas inteligentes actúen sin razón aparente en ocasiones. La comprensión intelectual no vale nada si tus emociones te impiden usarla.

El corazón de la razón

Pudiésemos creer que las emociones se oponen al pensamiento racional, pero la evidencia científica sugiere lo contrario. Es imposible ser racional sin ser emocional; mientras que las emociones pueden abrumar a la racionalidad, la racionalidad no puede existir sin emociones.

El neurobiólogo Francisco Damasio señala que la racionalidad depende de un sistema más profundo de regulación que consiste principalmente en emociones y sentimientos. La emoción puede interrumpir el razonamiento en ciertas circunstancias, pero sin emoción no hay ningún tipo de razonamiento.

Damasio tenía un paciente llamado Elliot, que era un exitoso hombre de negocios. Lamentablemente, Elliot fue diagnosticado con un pequeño tumor cerebral. Durante la operación, el neurocirujano extirpó el tumor pero accidentalmente cortó la conexión entre el lóbulo frontal (centro de pensamiento) y la amígdala cerebral (centro de las emociones). La cirugía fue exitosa, el tumor desapareció; y algo más ocurrió… cuando Elliot se recuperó, se dieron cuenta que había cambiado, y demasiado. Cuando Elliot recordó situaciones emocionalmente importantes de su vida, se expresaba con frialdad y desapego incompatible con la gravedad de los acontecimientos. Hablaba como si fuera un espectador en lugar de un participante. Damasio concluyó que la operación había separado a Elliot de sus emociones. Podía pensar, pero no podía sentir. Elliot conservó su inteligencia, pero se había vuelto completamente incompetente en su trabajo. Sin sus emociones presentes, no podía tomar ningún tipo de decisión.

En un experimento, Damasio le pidió a Elliot que escogiera una hora para la próxima entrevista, a lo que él respondió con una larga explicación sobre los pros y los contras de las opciones, sin embargo, no pudo elegir una hora específica. Él simplemente no tenía una preferencia.

De ahí la conclusión de que el centro racional de la mente puede generar una serie de alternativas y argumentos, pero las decisiones requieren una facultad adicional. La mente necesita evaluar el peso emocional de cada opción y elegir a modo de sentimiento.

La sensación inconsciente, por otro lado, puede abrumar su proceso de decisión. Ciertamente, las decisiones apropiadas requieren un estado de conciencia relajada, un estado es difícil de alcanzar sin entrenamiento en atención plena.

Todas las personas poseemos emociones, las que permiten enfrentar situaciones y sobrevivir en la sociedad, de la misma forma que permite conectarse e interactuar con las demás personas. Sin embargo, esto no significa que las personas actuemos únicamente de forma emocional mal, sino de que debe existir un equilibrio entre emociones y razón.

Respecto a esto, Juan Casassus (connotado filósofo y sociólogo), plantea que el ser humano debe estar conectado con sus emociones para poder tomar desiciones de forma racional, en donde las emociones son tan importantes como la razón para poder sobrevivir en sociedad. Del mismo lodo, Humberto Maturs, añade que lo único que nos diferencia de los demás mamíferos es nuestra capacidad de “lenguajear” nuestras emociones, convivir compartiendo valores, sentimientos y emociones, lo cual sienta las bases para afianzar la cohesión social y el sentir de la pertenencia a un grupo de una sociedad.

¡Que les puedo decir! Soy acuario, y aún así ¡esto me dejó pensando! -más aún- lo creo.

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