Ya sea que estés rockeando con The rolling stones en tu auto o leyendo con Bach en tu habitación, la música tiene una habilidad especial para animarte o calmarte. Los científicos aún intentan descubrir qué sucede en nuestro cerebro cuando escuchamos música y cómo produce efectos tan potentes, pero los registros la potencian como una herramienta bastante asombrosa para mejorar nuestra salud.

Los estudios han demostrado que la música puede alegrar tu estado de ánimo y evitar la depresión. También puede mejorar el flujo sanguíneo de forma similar a las estatinas, disminuir los niveles de hormonas relacionadas con el estrés como el cortisol y aliviar el dolor. Escuchar música puede incluso mejorar los resultados postoperatorios.

¿Cómo puede la música hacer tanto bien? 

La música parece activar selectivamente los sistemas neuroquímicos y las estructuras cerebrales asociadas con el estado de ánimo positivo, la regulación de las emociones, la atención y la memoria de maneras que promueven cambios beneficiosos. De hecho un estudio descubrió que escuchar música podría aumentar el estado de ánimo, el bienestar y mejorar las medidas relacionadas con el estrés en adultos mayores que sufren deterioro cognitivo. Su estudio comparó los beneficios de la música con los de la meditación, una práctica en boga por sus beneficios de salud mental y descubrieron que ambas prácticas estaban relacionadas con mejoras significativas en el estado de ánimo y la calidad del sueño.

¡Pero ojo! Que la música también puede agitar e inquietar, y en ese caso el silencio puede ser mejor que escuchar música al azar. Además de inducir estrés, la música incorrecta puede promover la rumiación y otros estados mentales inútiles. Un estudio finlandés descubrió que la música puede reforzar las emociones negativas como la ira, la agresión o la tristeza, de la misma manera que puede contrarrestar estos sentimientos. ¿Por qué? El ritmo y otras características de las canciones  pueden modular el ritmo cardíaco y la actividad de las redes neuronales de nuestro cerebro. Las pistas con un ritmo lento, progresiones de acordes graduales y notas prolongadas tienden a ser tranquilizantes, mientras que la música caótica y acelerada tiende a tener el efecto opuesto. Pero de todas formas existe el componente subjetivo, donde la intención y la predisposición personal, puede ser más potente aún.

¿Qué sigue? Pues hicimos la tarea e indagando encontramos cosas muy interesantes:

Escuchar música se siente bien, pero ¿puede traducirse en beneficio fisiológico? Una selección de 400 estudios en la revista Cognitive Sciences sugiere que sí. Y en específico, uno de los estudios seleccionados dentro de este los investigadores estudiaron pacientes que estaban a punto de someterse a cirugía. Los participantes fueron asignados aleatoriamente para escuchar música o tomar medicamentos contra la ansiedad. Los científicos rastrearon las calificaciones de los pacientes sobre su propia ansiedad, así como los niveles de la hormona del estrés cortisol.
Los resultados: los pacientes que escucharon música tuvieron menos ansiedad y cortisol más bajo que las personas que tomaron drogas. Levitin y su equipo advirtieron que este es solo un estudio, y que se necesita más investigación para confirmar los resultados, pero apunta hacia un poderoso uso medicinal para la música; y en sus propias palabras: “la promesa aquí es que la música es posiblemente menos costosa que las drogas, y es más fácil para el cuerpo y no tiene efectos secundarios”.
En el mismo estudio, los autores destacaron la evidencia de que la música está asociada con la inmunoglobulina A (un anticuerpo relacionado con la inmunidad), así como con un mayor recuento de células que combaten gérmenes y bacterias. Esa parte sigue siendo increíble ¿verdad?

¿Cómo juzgamos qué música es placentera? 

Aquí les va otro estudio, esta vez publicado por la revista Science; este sugiere que los patrones de actividad cerebral pueden indicar si a una persona le gusta lo que está oyendo. Pongan atención a esto:  Se sometieron a 19 participantes a un examen de resonancia magnética funcional mientras escuchaban fragmentos de música y se les pidió que indicaran cuánto dinero gastarían en una determinada canción al escuchar los extractos. Los investigadores realmente se fijaban en sus resultados un área del cerebro llamada núcleo accumbens, que participa en la formación de expectativas. Cuanta más actividad en el núcleo accumbens, los partipantes declararon que estaban más dispuestos a gastar dinero en una canción en particular con la configuración de “subasta” que diseñaron los investigadores.

Otra área del cerebro llamada circunvolución temporal superior está íntimamente involucrada en la experiencia de la música, y su conexión con el núcleo accumbens es importante también. Los géneros de la música que una persona escucha durante toda la vida influyen en cómo se forma la circunvolución temporal superior. La circunvolución temporal superior por sí sola no predice si a una persona le gusta una determinada pieza de música, pero se trata de almacenar las plantillas de lo que ha escuchado antes. Por ejemplo, una persona que ha escuchado mucho jazz antes es más propensa a apreciar una determinada pieza de música de jazz que alguien con mucha menos experiencia… y siendo así  ¿no les suena a que el cerebro funciona como un sistema de recomendación musical?

Parece intuitivo que diferentes personas, en función de sus personalidades, preferencias e historias personales de escuchar una música en particular, tendrán diferentes experiencias cuando se exponen a una pieza de música en particular. Obviamente, su atención a varios detalles variará y les gustarán cosas diferentes al respecto. Pero fíjese que en el estudio de la revista europea de neurociencia, desde el punto de vista cerebral, puede haber más similitudes entre los oyentes de música de lo que nosotros pensábamos. De hecho, los investigadores encontraron sincronización en varias áreas clave del cerebro y patrones similares de actividad cerebral en diferentes los diferentes participantes que escucharon la misma música. Por lo que esto sugiere que los participantes no solo perciben la música de la misma manera, sino que, a pesar de las diferencias personales que traen a la mesa, siempre hay un nivel en el que comparten una experiencia en común al escuchar determinada música.

La próxima frontera en la neurociencia de la música es observar con más cuidado qué sustancias químicas en el cerebro están involucradas en la escucha y ejecución de la música, y en qué partes del cerebro están activas. Cualquier neuroquímico podría tener diferentes funciones dependiendo de su área del cerebro. Por ejemplo, la dopamina ayuda a aumentar la atención en los lóbulos frontales, pero en el sistema límbico se asocia con el placer.

¡Alucinante! —por lo menos a mi me parece— y esto son solo algunos pocos datos rosas de la ciencia.

Lo cierto es que aún queda mucho por descubrir sobre los efectos de la música en la salud mental, física y emocional… y por todo lo anterior, ¡de seguro los amantes de la música alucinarán un poco más!

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